A estas alturas, no voy a ocultar mi gran afición por todo lo que tiene que ver con la música, sobre todo si proviene de Estados Unidos. En el pasado año 2012, se cumplió el 50º aniversario de un musical (y película) de culto, como lo es «West Side Story», en el que se unieron el genio musical del maestro Leonard Bernstein, uno de los más grandes músicos de la Historia, con la impecable puesta en escena, tanto a nivel de canto como de baile de todos los intérpretes que alguna vez la han escenificado. Porque en Estados Unidos, da igual que los actores, actrices, bailarines y bailarinas sean profesionales o amateurs. Siempre lo hacen bien, siempre lo representan de manera impecable. Ir a Broadway es una gozada para los sentidos. Ver un espectáculo en cualquier lugar, incluso en la calle, es un gustazo de muy alto nivel.
Cuando uno ve a toda esta gente desarrollando la pieza que corresponda, no sabe si se encuentra ante una obra artística, o ante una pieza de la mejor ciencia que nunca se haya visto. En este caso, arte y tecnología van de la mano, en una fusión insuperable a través de la máquina más perfecta de este Mundo, la persona, el ser humano. Ya sabéis, el humanware.
No voy a negar que los bailarines (me voy a centrar en ellos) tienen talento y que podría decirse que esa capacidad es innata, pero hay algo más, seguro. Sólo con talento no se logra la cuasi perfección. ¿Qué más podemos pensar que hay detrás de tamaña obra de arte? Si nos fiamos de dos genios de nuestra Historia Universal, como lo fueron Picasso y Edison (difícil distinguir quien era el artista y quien el inventor, ¿o eran ambas cosas los dos?), que nos dejaron dicho: 1) Picasso: «Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando»; y 2) Edison: «El genio es un 1% de inspiración y un 99% de transpiración».

Talento, trabajo y Coordinación.

Si respondemos a la pregunta de hace unas líneas, en cuanto a que hay detrás de todo ello, y teniendo en cuenta los sabios consejos de los dos genios citados, no nos queda más remedio que pensar que hay mucho trabajo realizado antes de pisar el escenario (el gemba de los artistas), y ese trabajo duro, cansado y abnegado, no tendrá el resultado esperado, si no surge una de las condiciones imprescindibles para trabajar en equipos de alto rendimiento, como lo es la coordinación entre todos los miembros de la compañía de baile, desde el coreógrafo, hasta los bailarines, pasando por los técnicos que ayudan a que todo salga bien y a resaltar la belleza del producto que se entrega.
Talento sin trabajo, no sirve de mucho; trabajo sin coordinación es un desperdicio, en muchas ocasiones. Porque cuando hablamos de coordinar, nos referimos a concertar los recursos y esfuerzos necesarios para que una acción común llegue a buen puerto. Como lo hacen los cuerpos de baile, con su talento, con su trabajo y con su mucha coordinación, para entregar de la mejor y más excelente manera aquello por lo que los espectadores (los clientes) pagan, y por lo que se levantan de sus asientos cuando finaliza la función y quedan absolutamente satisfechos, ante tal despliegue de calidad.
Pensemos en nuestras empresas y reflexionemos que a nosotros también nos toca «bailar» con muchas cosas cada día. Apliquémonos el cuento y pongamos «el-hilo-en-la-aguja», para coordinarnos mucho mejor de lo que lo hacemos. Nos sentará muy bien, a nosotros y a nuestros clientes.
 
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