Port Aventura Poka Yoke
Hace unas semanas tuve la oportunidad de acudir al parque temático ‘Port Aventura’, ubicado en los alrededores de la mediterránea Tarragona. Fui con mi mujer, acompañando a una personita que mide 1 metro y 25 centímetros. Que es muy alta para su edad, 6 años, pero que todavía es bajita para acceder a ciertas atracciones del parque. Su nombre es Natalia, para más señas.

El Poka Yoke de Port Aventura

En las atracciones en las que se requiere cierta altura (la mayoría), los organizadores del parque han provisto a sus empleados de un artilugio en forma de barra metálica vertical, con una pieza de menor longitud soldada en posición horizontal. Mediante esta «L» invertida realizan el «calibrado», el «pasa-no pasa», de «esos locos bajitos» (como diría uno de los grandes ‘sensei de la vida’, el maestro Serrat), refiriéndose a los niños. Igual, sin saberlo, la gente del parque (no son del paradigma industrial), les ha salido un ‘poka-yoke’…

¿Qué ventajas tiene ese dispositivo?

Pues que es un ‘standard’ de fácil utilización, como todo standard que se precie: manejable (apenas pesa), transparente (todo el mundo ve el resultado de manera inmediata) y barato (el coste es ínfimo). Se podían haber complicado mucho más la vida, con dispositivos sofisticados (= caros) y opacos (= el ‘oráculo’ ha hablado), pero recordad «simply is the best», como dijeron los clásicos.

¿Qué problemas le encontramos al asunto?

Pues uno muy sencillo y que tiene que ver con la gestión de flujos y con el ‘muda’ de espera que se da a lo largo de todo el conjunto de atracciones. Y es que el dispositivo ‘poka-yoke’ está ubicado justo en el momento que ya te toca subirte a la «montaña-rusa-de-turno», es decir, una vez te has ‘chupado’ toda la cola. 30, 45, 60 o más minutos, para nada, para no poder subirte. La solución es tan sencilla como desplazar el control al inicio de la cola y allí descartar a los ‘pequeñitos’. Es cierto que existe una pizarra informativa de la altura necesaria, que disuade a los muy evidentes, pero que no evita el problema expresado.

Unido al problema principal expuesto, viene el segundo de manera solidaria, y es el ‘cabreo’ que pillan los acompañantes de los pequeñitos, porque no pueden subir (¿dónde estan las guarderías de niños pequeños del parque?). Un tercero, el resto de personas en la fila que no tienen nada que ver con el tema y a los que se les alarga su espera de forma innecesaria. Y un cuarto, no existe canal de retorno para los rechazados, por lo que la salida se hace aguas arriba, por los estrechos pasillos de ordenación de las colas.

De una cuestión tan sencilla, se genera una serie de problemas absolutamente prescindibles. «Moraleja»: analicemos los procesos; planteemos ‘poka-yoke’s’ como medidas cautelares; implatémoslos; pero, por favor, que ayuden al proceso de manera eficiente y útil, tal como tiene que ser uno de estos dispositivos ‘anti-error’.

Ya existe suficiente ‘stress’ en el día a día, para que le añadamos más ‘emociones negativas’ a nuestras vidas, en días de fiesta…

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