Madrid 2020Hasta el pasado 7 de septiembre casi todo el mundo estaba esperanzado con la candidatura 2020 de Madrid. Por la noche, a eso de las 21:30, España quedaba eliminada tras un empate con Estambul.

Yo, como muchos de los españoles desilusionados por la noticia empezamos a preguntarnos: pero, ¿por qué? ¿no lo teníamos ya en el bolsillo?  Sé que hablar a toro pasado es fácil, pero es natural que la noticia haya generado diversas reacciones: que si ridículo nacional, que si conspiraciones de otros países, e incluso, difundir fuertes críticas hacia los que, quiero pensar, han trabajado duro y se han esforzado en defender la candidatura de Madrid en Buenos Aires.

Ahora bien, ante el problema nos podemos quedar con la sensación de fracaso y conformarnos o podemos intentar entender lo ocurrido, llegar a la causa raíz,  hacer una autocrítica constructiva y aprender de nuestros fallos para evitar que vuelvan o ocurrir.

Tras un sencillo análisis de resolución del problema y asumiendo en un 80/20 fiable la información bombardeada de todos los medios de comunicación, me quedaría que el principal fallo ha sido NO entender al Cliente,  los miembros del COI. Algo que sí que comprendieron los representantes de Japón y supieron ofrecer lo que los miembros del COI querían tener. Madrid tenía el 80% de las instalaciones hechas, pero el COI las quería modernas, futuristas. Madrid creía que las Olimpiadas eran una ayuda para salir de la crisis, pero el COI quería las olimpiadas en un país solvente.

A la candidatura de Madrid le costó maquillar la situación de corrupción actual del país y el COI quería las Olimpiadas en un país integro.  A pesar de los últimos esfuerzos, el doping seguía siendo una asignatura pendiente y el COI quería un deporte honrado.

Nuestra sociedad, nuestros clientes o consumidores se han vuelto más críticos a la hora de decidir. Cada vez comparamos más y estamos más informados de otras alternativas que existen en el mercado. Para competir en este duro entorno, tenemos que conocer las necesidades de nuestros clientes (VOC, Voice of Customer) y ser lo suficientemente ágiles para transformar estas necesidades en mejoras de sus productos.

Al final, y después del esfuerzo siempre nos podremos tomar un “relaxing cup of café con leche in la Plaza Mayor de Madrid”

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