Karakuri

Durante los siglos XVIII y XIX en Japón se popularizó el uso de unos dispositivos mecánicos cuya única función consistía en generar el movimiento necesario para dar vida a las marionetas. Estos dispositivos se denominaban ‘Karakuri’, término que podríamos traducir como ‘aparatos mecánicos para producir la sorpresa en una persona’ y, en definitiva eran una especie de autómatas mecánicos de gran complejidad capaces de realizar movimientos u actividades de forma autónoma.

Durante el siglo XIX la fiebre del ‘karakuri’ llegó hasta tal punto que los señores feudales de las distintas regiones en las que se dividían el país competían entre ellos para determinar quién tenía a los más talentosos y expertos artesanos, capaces de desarrollar estas pequeñas joyas de la robótica.

Es muy probable que la popularidad de estos inofensivos autómatas mecánicos en la región de Aichi fuera la semilla de las grandes industrias que, años después se fundarían en esta zona y, a lo largo del siglo XX crecerían de forma espectacular hasta convertirse en grandes multinacionales de la tecnología. Fuji, Mitsubishi y Toyota son algunas de estas empresas que con toda probabilidad nacieron bajo el paraguas tecnológico del ’karakuri’.

En este sentido, sabemos con certeza que Sakichi Toyoda, fundador de Toyota, era un reconocido maestro del ‘karakuri’. Por lo tanto, parece evidente que algunos de los principios que posteriormente se integrarían el sistema de producción de Toyota y que han llegado hasta la fecha (poka yoke, por ejemplo) tuvieron sus orígenes en el proceso de construcción de una marioneta.

¿Qué es Karakuri?

Actualmente, el principio del ‘karakuri’ se aplica en las fábricas en el diseño de sistemas de transferencia de materiales, embalajes o componentes entre estaciones de trabajo. Se trata de dispositivos que consiguen generar el movimiento de aquello que se desea desplazar mediante levas y palancas utilizando únicamente la gravedad como fuerza motriz. En el entorno productivo actual, estos dispositivos responden a las siguientes pautas constructivas:

  • No utilice las manos, mueva los objetos de forma automática.
  • No gaste dinero.
  • Utilice la fuerza de su equipo.
  • Construya elementos adaptados a las necesidades de cada proceso utilizando la sabiduría y creatividad de sus colaboradores.

Sin embargo, en líneas generales el uso de la mayoría de estos dispositivos queda reservado a aquellas organizaciones que han trabajado a conciencia en la mejora de las líneas hasta el punto que el proceso es tan robusto y estable como el movimiento de las marionetas de la figura.

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