Interiorizar mejoras
Hará unos 15 años, surgió la «moda» imparable del «outsourcing», proveniente de Estados Unidos. Tal «moda» era una vuelta de tuerca más a la tradicional subcontratación. Para darle más énfasis empezamos a utilizar la palabra «externalización». Bien es cierto que la remodelación del concepto tenía cierto sentido, dado el espíritu estratégico y estructural que guardaba su conceptualización, en contraposición con el sentido más táctico y coyuntural del término subcontratación.

Históricamente, desde que el Mundo es Mundo, se habían externalizado muchas actividades. Estábamos acostumbrados, pero en ese momento apareció una oleada que externalizaba otras actividades no tan habituales, como por ejemplo, servicios informáticos, financieros, logísticos, incluso, la gerencia de la empresa, a través de actividades de «interim management».

Externalizar procesos

La cuestión de base era si podríamos disponer de la empresa que tuviera la capacidad y el nivel deseado para llevar a cabo la tarea que queríamos depositar en un tercero. En algunos casos, la tarea fue sencilla. Si queremos externalizar la logística, tenemos a nuestra disposición un gran y eficiente número de operadores logísticos. En otros casos, la cosa no estaba tan clara.

Algunas empresas, agobiadas por su negocio diario, dieron un paso hacia adelante (en algún caso, hacia el abismo) y externalizaron la tarea que se tratase, sin ningún rigor ni miramiento. El fracaso en ciernes estaba servido. Cuando una empresa externaliza, no quiere decir en ningún momento que se desentienda de esa tarea, sino que sigue siendo parte de su negocio, de su empresa, y como tal debiera considerarlo para morir en el intento.

Pasados unos años, ciertas empresas, que no encontraron a su «partner» adecuado, están replegándose de nuevo en sus empresas. Están internalizando algunas de las actividades externalizadas. Es bien cierto, que la sensatez que da una crisis, ayuda. Antes de reducir plantilla de nuestra empresa, empezamos a recoger esas actividades que habíamos dado hacer afuera (es una de las ventajas de la externalización), pero esa decisión ha venido acompañada en muchos casos, de la pobreza de resultados obtenidos en la actividad de «outsourcing». Puesto que, en caso de no obtener mayor valor añadido (en forma de menos costes, mejor servicio, mayor calidad, etc), no vale la pena moverse ni un centímetro de donde estamos.

¿Externalizar, internalizar? Depende. Encontrar nuestro compañero de viaje y aplicar el máximo de sentido común, nos harán bien en el momento de decidirnos.

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