Tecnología

Aprovechando que llega el buen tiempo y como es de costumbre en nuestra cultura mediterránea, el domingo pasado bajé a la playa, pero no sin antes pasar por el quiosco a comprar una conocida revista del sector empresarial con la que mantener entretenida la mente a la par que uno se broncea, cosa que como habéis podido percibir, procuro realizar tareas en paralelo incluso en mi vida personal para evitar Mudas.

Tras haber ojeado en diagonal los artículos de la revista, no pude evitar centrarme en uno de ellos que llamó mi atención desde el primer momento: “Las pymes malgastan su inversión en tecnología”, y esta afirmación anunciada como título del artículo.

Inversión en Tecnología

Para ser francos, y tras unos años de experiencia en el sector desarrollando actividades Lean, coincido en una parte del mencionado título del artículo pero discrepo en otra. La parte en la que estoy de acuerdo es que las empresas malgastan su inversión en tecnología, la parte en que no estoy de acuerdo es que este malgasto solo se centre en pymes, y es que las grandes empresas y multinacionales también generan derroche en las inversiones tecnológicas.

Concretamente, el artículo mencionaba Mudas como: duplicidad de funciones y procesos entre los programas mal integrados, infrautilización (por parte de los clientes/usuarios) de funciones disponibles o la escasa formación de los usuarios. Dicho artículo, concluía diciendo que estos sobregastos podrían evitarse si los responsables de compras escuchasen a los empleados-usuarios.

Voice of the Costumer (VOC)

Es muy habitual, cuando tratamos en ambientes Office, encontrar mudas como los comentados en el párrafo anterior, debido precisamente a que no se ha escuchado el cliente. Os suena el concepto VOC (Voice of the Customer)? Escuchar nuestro cliente, bien sea interno o externo, implica hacerlo partícipe en las fases de desarrollo de la herramienta, implica transformar sus necesidades en realidades y no crear un proceso o herramienta con un enfoque de negocio, implica romper unas barreras que en la mayoría de las organizaciones están muy establecidas y cuesta romper, etc.

La consecuencia de no trabajar nuestro día a día enfocado a nuestro cliente, tiene como consecuencia negativa la generación de mudas que cada vez más saturan nuestra organización y la convierten en un grupo de equipos de trabajo trabajando sin parar y elaborando tareas simplemente para llenar las horas de nuestra jornada laboral y poder satisfacer los requerimientos del jefe, que en ciertos casos puede ser que sus intereses sean opuestos a los de sus homólogos dentro de la estructura jerárquica de la organización.

La conclusión que vosotros debéis sacar de ello, es que no debéis permitir que la cultura de vuestra organización lastre vuestras obligaciones y responsabilidades como empleados, y que empecéis, a partir de ahora, a buscar quién es vuestro cliente, que quiere vuestro cliente, cómo transformar sus requerimientos en realidades, y sobre todo, cómo cuantificar estas realidades en un dato objetivo para llevar un control estricto del servicio que se entrega.

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