el chocolate del loro

¿El chocolate del loro?

el chocolate del loro
De acuerdo con el diccionario de frases hechas de Espasa Calpe, «el dicho popular que invoca al chocolate del loro para hablar de un ahorro insignificante procede de un viejo chascarrillo sobre una señora de clase alta que acabó por encontrarse al borde de la ruina a causa de sus enormes gastos. Cuando la buena mujer tuvo que pasar la tijera a su presupuesto -continúa la leyenda-, no se le ocurrió otra cosa que privar a su loro de la porción de chocolate que le daba a diario, un gesto que, por muy simbólico de fin de la opulencia, era nimio y, desde luego, no le iba a librar de la bancarrota». Al hilo de esta historia, bastante conocida, quisiera reflexionar sobre «aquellas pequeñas cosas», como diría el maestro Joan Manuel Serrat.

Ahorro insignificante

Si utilizamos como barrera la frase del título de este post, para despreciar cualquier actividad de mejora, estaremos desechando una buena oportunidad de obtener grandes resultados, a base de pequeñas mejoras, que de eso se trata el concepto Kaizen o Mejora Continua. Además de otro efecto más pernicioso, si cabe, como es el de enviar un mensaje a nuestra gente, en el que les decimos: «eso no importa, no pierdas el tiempo».
Cuando uno anda por el campo, cuando vas a ras de suelo es cuando uno puede ver los pequeños detalles que configuran el entorno. Desde un avión no se ven las hormigas. En la empresa ocurre igual. Uno sólo puede ver con detalle aquello que está al alcance de su vista. Que todas las personas se pongan a trabajar en su «pequeña parcela» es fundamental.

Actividades en el Gemba

Al hacer actividades sobre el gemba, en muchas ocasiones surgen centenares de acciones a realizar, algunas de ellas de pequeño calado, pero tan importantes en conjunto como alguna de las acciones de mayor envergadura y, por supuesto, más baratas de ejecución, siempre. Tenemos tendencia a alabar «lo grande» (y normalmente, caro) y a ignorar «lo pequeño» (usualmente, barato).

Por tanto, haremos bien en tener en cuenta todos y cada uno de los muda (oportunidades de mejora) que nos salten a la vista: un metro menos de recorrido, cuenta; como un ppm menos de defectuosidad; unas horas menos de stock; o un lote más próximo a la demanda (¡o a la unidad!); un segundo menos de tiempo de ciclo; o un control de menos en el proceso; un minuto menos de espera; unos minutos menos de cambio; o un menor porcentaje de microparos; o…

Cuando sumamos todas estas «pequeñas minucias» y ponemos en cifras el resultado (si puede ser, en dinero), os puedo asegurar que a alguno se le quitará el espíritu de ir «sobrados» y pondrá cara de perplejidad nerviosa. Todo suma, ¡y mucho!

El secreto de la cuestión está en poner a trabajar a todas las personas que componen la empresa, sobre su terreno, con unas buenas «gafas-de-ver-muda«. Esta acción hará, sin duda alguna, que la estrategia de la empresa, de su negocio y de sus operaciones esté mejor sustentada.

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