Dejar de vender
En los últimos días, he tenido que ir a comprar varias cosas y no he «triunfado». No he podido comprarlas porque no había stock en las tiendas. Frases como «lo tendremos el viernes», o «está a punto de llegarnos», han sido los colofones de las conversaciones que he mantenido con los diferentes dependientes. Y lo más fastidoso y paradójico del tema, es que en los establecimientos se apreciaba, a simple vista, mucho inventario.

Ya sé que algunos de vosotros diréis que los de Crealor, los del Mudaland, nos pasamos la vida hablando de la necesidad de tener unos stocks tensos, bajos, para no castigar la rentabilidad financiera, económica y operativa de la compañía, pero ¡hombre!, entre tener los almacenes atiborrados de materiales, que en muchos casos nos sirven de poco o se nos «obsoletizan», a no tener inventario, pienso que hay un paso intermedio que debiéramos gobernar de mejor manera.

La política de «cero stocks» que algunos se toman al pie de la letra, no significa romper estrepitósamente nuestra capacidad de suministro, sino que busca liberarnos de la pesada carga de los stocks, pero ¡sin dejar de vender! Ahí está la gracia del tema. Bajar la inversión en existencias, a base de no dar servicio, roza lo infantil y lo patético.

Porque, cuando de productos a la venta se trata, no tener stock significa no vender. Y esto no nos lo podemos permitir nunca, y menos aún ahora, con la situación que nos envuelve. Ya conozco que las tesorerías no andan muy boyantes y, rápidamente, echamos mano de rebajar todo lo reducible, pero en el caso de ciertos recursos, como lo son los materiales o productos, no podemos andar con excesivos miramientos, porque se nos hunde el «chiringuito» a base de no vender.

¿Qué consejos podríamos dar para evitar estas situaciones?

Cabría dar unos cuantos, pero pasan indefectiblemente por éstos:

  1. Conocer el patrón de demanda de nuestra tienda o establecimiento, en definitiva, el mercado, como si fuera nuestro «hermano siamés»
  2. Poseer un inventario (físico y lógico) impecable, para poder tomar decisiones de reaprovisionamiento acertadas y ajustadas a las necesidades, con la precisión de un «reloj suizo».
  3. Tener unas fuentes de aprovisionamiento (externas o internas) tremendamente fiables, con la rapidez de un «guepardo africano» ¡Atención a lo barato que sale caro!
  4. ¡Y no dejar escapar al cliente!

Si sólo nos acordamos de ajustar stocks cuando «truena«, de manera digamos que irracional, pero olvidamos acompañarlo con otras actividades e iniciativas operativas, el resultado puede ser tan doloroso como el de no conseguir vender.

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