¿Cómo gestionar las expectativas de un proceso de mejora continua?

¿Cómo gestionar las expectativas de un proceso de mejora continua?

¿Cómo gestionar las expectativas de un proceso de mejora continua?

En una de las últimas conferencias a la que asistí hace unos meses, me llamó la atención el mensaje que dio uno de los conferenciantes, empresario por más señas. En un momento dado de su intervención, hacia el final de la misma, después de haber hablado del contenido técnico y de gestión que se estaba realizando en su compañía, nos hizo partícipes de la siguiente reflexión: “Lo más importante es saber gestionar las expectativas del proyecto”.

Cuando se inicia un nuevo proyecto de mejora continua, deben sentarse las bases del mismo en unas expectativas de resultados que sean atrayentes y sólidos. En algunas ocasiones, esas bases son gigantes con pies de barro, es decir, la posibilidad de que surja un resultado interesante es una tarea fútil, puesto que los cimientos no están bien arraigados, ni la senda a seguir, la metodología, está suficientemente clara.

Para un proyecto de mejora continua, deberíamos pensar siempre en tres tipologías de resultados:

1.- Resultados operativos: aquellos que los directivos y técnicos manejan con asiduidad, para conseguir el máximo rendimiento de sus operaciones. A modo de ejemplo, podemos citar: aumentos de productividad y, por ende, reducción de costes; reducción de la inversión en stocks; mejora en la utilización de los recursos a nuestra disposición; aumento del nivel de servicio; incremento de nuestra calidad; etc.

Pero además, debiéramos pensar en otra tipología de resultados:

2.- Resultados sociales: todos aquellos que van a mejorar el devenir diario de las personas que conforman la empresa, y que van a beneficiar, cual apalancamiento empresarial, a la propia compañía. Entre estos, podríamos destacar: mejora de la ergonomía y de la seguridad en el trabajo, por tanto, reducción de los accidentes, enfermedades profesionales y, como consecuencia, del absentismo; aumento de la motivación, vía incremento de la participación y de la implicación en la toma de decisiones; mejora del clima laboral (ya no hace falta hacer encuestas…); etc.

Dicho (y hecho) esto, ya sólo cabe resumir los resultados anteriores, en el último tipo de resultado:

3.- Resultados financieros: no habremos hecho un buen trabajo en los apartados anteriores, si ellos no se traslucen en la cuenta de resultados de la empresa, en forma de aumento de los beneficios de la misma. La mejora continua siempre debe reflejarse en el aumento del EBITDA de la empresa.

Si somos capaces de transformar aquellas expectativas en estos resultados, querrá decir que hemos cumplido con el compromiso que tomamos al inicio del camino.

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