Acuerdo de último minuto
Cuando falta menos de una semana para que se agote el plazo que tenía el gobierno americano para llegar a un acuerdo sobre el nivel de deuda del país y con ello, evitar lo que algunos economistas no dudaban en calificar como el fin del mundo financiero, algunos medios de comunicación informaban de que los líderes republicanos y demócratas estaban ya conformes sobre las líneas generales de actuación. No obstante y a pesar de estas noticias esperanzadoras, estos mismos medios aseveraban que, según la Casa Blanca, todavía quedan ‘importantes asuntos por trabajar’ y aún no se ha alcanzado ningún compromiso.

A pesar de la gravedad de esta situación, los mismos economistas que advierten del riesgo de un ‘no acuerdo’, afirman que este es un escenario de catástrofe que no se va a producir. En realidad, aseguran rotundamente que se va a llegar a un compromiso antes de la fecha límite. Entonces, si esto es así y sabemos que habrá un acuerdo, ¿por qué es necesario esperar al último minuto para cerrarlo?

Acuerdos bajo presión

Antes de apuntar una respuesta, vale la pena recordar que este es un problema común en todas aquellas actividades que se realizan bajo la presión de unos hitos temporales muy categóricos. Tanto si hablamos del desarrollo de nuevos productos, de la preparación de unos exámenes, de la entrega de proyectos, de la firma de acuerdos, etc. Se trata de actividades que, por el simple hecho de tener un plazo explícito e inalterable, presentan una característica común: todas ellas finalizan y se entregan en el último minuto.

No se trata de un problema de carga de trabajo, no es un tema cultural, ni siquiera tiene que ver con la complejidad del trabajo encomendado. La razón que hay detrás de esta forma de actuar que nos impide disponer de los resultados a entregar con tiempo suficiente tiene mucho que ver con uno de los siete ‘muda’: la sobreproducción, es decir, generar un producto o una información antes de que se requiera o en mayor cantidad de la requerida.

Respetar los plazos

En los casos a los que nos referimos, generalmente el plazo establecido determina el momento en el que debe entregarse una información resultante de un trabajo o de una negociación. El problema se presenta cuando se pretende generar esta información antes de tiempo. En estos casos, el propio resultado pasa a ser un nuevo ‘input’, una parte del enunciado que incita a reiniciar la misma actividad, tomando como base los propios datos del resultado ya obtenido. Por lo tanto, iniciar la actividad con más tiempo es muy probable que nos conduzca a repetir un mayor número de veces la actividad hasta llegar a consumir el tiempo total disponible.

Por este motivo es necesario entender el peso que tiene la dimensión temporal en ciertas actividades. En definitiva y como bien describe la ley de Parkinson, todo trabajo se dilata indefinidamente hasta ocupar todo el tiempo para su completa realización.

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